
Informe: La narrativa rota del ascenso social: jóvenes de barrios populares a la deriva
Sures Noticias
El fin de la promesa: cuando el ascenso social se vuelve inalcanzable
Durante gran parte del siglo XX, la sociedad argentina estuvo animada por un “impulso igualitario” que se tradujo en la convicción de que el esfuerzo, el estudio y el trabajo permitían a cualquiera progresar y alcanzar una vida mejor que la de sus padres. Esta narrativa, tan arraigada que se expresaba en frases como “mi hijo, el doctor”, organizó la vida social y política del país y fue el motor de las aspiraciones de millones de familias.
Sin embargo, un reciente estudio realizado por el Instituto Universitario CIAS y Fundar revela que esta narrativa tradicional de movilidad social está hoy profundamente erosionada entre los jóvenes de los barrios populares del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA). El informe, basado en una encuesta a 600 jóvenes de entre 16 y 24 años y 47 entrevistas en profundidad, muestra que solo una minoría mantiene la esperanza en el ascenso social a través del esfuerzo personal, y aun entre ellos predomina la incertidumbre.
Metodología y alcance: voces de un universo marginado
El trabajo de campo abarcó cinco barrios populares del AMBA: Villa 15 (CABA), Ejército de Los Andes (“Fuerte Apache”, Tres de Febrero), San Ambrosio y Mitre (San Miguel) y Kilómetro 13 (Quilmes). El universo de estudio no es marginal: el 34% de los jóvenes del país vive en el AMBA y se estima que el 40% de los jóvenes del Conurbano Bonaerense reside en barrios populares o zonas vulnerables.
La metodología mixta permitió captar tanto datos cuantitativos como testimonios cualitativos, esenciales para comprender cómo las experiencias familiares, escolares y de socialización moldean las expectativas de futuro de estos jóvenes.
Resultados: crisis de expectativas y narrativas fragmentadas
El estudio identifica tres grandes grupos de jóvenes según su relación con la narrativa tradicional del ascenso social:
El 40% aún relata su vida bajo la lógica del esfuerzo y el estudio, pero manifiesta serias dudas sobre su viabilidad.
Un 20% ha reducido sus aspiraciones al mínimo, adoptando una postura resignada.
Otro 40% directamente ha abandonado toda expectativa de progreso y vive instalado en el presente, sin proyectar un futuro posible.
Las causas de esta ruptura son múltiples y profundas:
Falta de oportunidades reales: Los jóvenes observan que, a su alrededor, son pocos los que logran progresar, aun esforzándose.
Déficit de recursos y apoyos: Las familias, muchas veces fragmentadas y sobrecargadas, y las escuelas, desbordadas, no logran brindar el acompañamiento necesario. En numerosos casos, la figura materna es la única referencia estable y sostén económico, mientras que la ausencia paterna y la violencia familiar son frecuentes.
Entornos hostiles: La presencia del narcotráfico y la desconexión creciente de los barrios populares respecto de la vida urbana amplifican la sensación de encierro y falta de alternativas.
Testimonios: la voz de una generación desencantada
Las entrevistas recogen frases que condensan el desaliento y la ruptura de la promesa de ascenso social:
“Si estudié, no soy un vago, ¿por qué estoy limpiando baños en un shopping?” (Gianluca, 22)
“Mi error fue pensar que podía ser algo más.” (Tomás, 21)
“Deseo intensamente, algún día, tener un trabajo fijo para poder esperar la semana siguiente sin miedo a que se rompa todo.” (Micaela, 22)
“Acá es así, ´vamos a robar… pum pum… vamos a robar´ y caes preso. ´Vamos a robar y pum pum´, caes muerto. Es así… No tenés otro camino acá.” (Brian, 18)
Muchos jóvenes ya no ven su futuro como propio, sino que proyectan sus esperanzas en sus hijos, resignándose a un presente sin expectativas. Otros, ante la falta de redes de apoyo, apuestan al autoemprendimiento como último recurso, más por necesidad que por convicción en las oportunidades del mercado.
Instituciones en crisis: familia, escuela y barrio
El informe subraya que las instituciones que históricamente sostenían la narrativa del ascenso social —la familia, la escuela y el barrio— atraviesan hoy una crisis profunda. La sobrecarga de las madres, la ausencia de figuras paternas, la violencia doméstica y la precariedad educativa minan las bases sobre las que los jóvenes podrían construir proyectos de vida superadores.
La escuela, lejos de ser un espacio de integración y promoción, aparece desbordada y muchas veces incapaz de compensar las carencias del entorno familiar. El barrio, antes ámbito de pertenencia y solidaridad, se percibe cada vez más como un espacio hostil y desconectado del resto de la ciudad.
Una sociedad ante el espejo
La Argentina, que alguna vez se creyó excepcional en América Latina por su alta movilidad social, enfrenta hoy una crisis que desafía su relato fundacional. La mayoría de los jóvenes de los barrios populares del AMBA no solo carece de expectativas de integración y reconocimiento social, sino que siente que la sociedad ya no les ofrece oportunidades reales para progresar.
El estudio concluye que la negación social de esta crisis es parte del problema: “Nos cuesta ver a esos sectores que dejamos al margen de la trama urbana porque nos muestran que, al fin de cuentas, no somos tan singulares como creíamos”.
La narrativa rota del ascenso social interpela no solo a los jóvenes que la sufren, sino a toda la sociedad argentina, que debe replantearse el sentido y la vigencia de sus promesas colectivas.
Principales conclusiones del informe sobre la narrativa rota del ascenso social
Debilitamiento de la narrativa tradicional: El informe evidencia un fuerte debilitamiento de la creencia en la movilidad social ascendente entre los jóvenes de barrios populares del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA). Solo una minoría sostiene la idea de que el estudio y el trabajo permiten “ser alguien”, y aun entre ellos predomina la incertidumbre sobre su viabilidad.
Fragmentación de las expectativas:
El 40% de los jóvenes aún se orienta por la narrativa tradicional, pero duda seriamente de poder concretarla.
Un 20% ha reducido sus aspiraciones al mínimo, adoptando una actitud resignada.
Otro 40% ha abandonado toda expectativa de ascenso social y vive enfocado en el presente, sin proyectar un futuro posible.
Factores que explican la crisis:
Falta de oportunidades reales: Los jóvenes perciben que, en su entorno, son muy pocos los que logran progresar a pesar del esfuerzo.
Déficit de recursos y apoyos: Las familias están fragmentadas (“familias estalladas”), las escuelas desbordadas y los barrios cada vez más desconectados y atravesados por la violencia y el narcotráfico.
Segregación territorial: Las limitaciones para establecer vínculos fuera del barrio reducen el horizonte de oportunidades y refuerzan el círculo de pobreza.
Impacto en las expectativas y proyectos de vida:
La falta de oportunidades y apoyos genera un círculo vicioso donde se debilita la posibilidad de imaginar y planificar un futuro mejor.
Para muchos jóvenes, pensar en el futuro se ha vuelto un privilegio, y la mayoría solo puede aspirar a sobrellevar el presente entre la resignación y la frustración.
Consecuencias sociales:
La crisis de la narrativa de ascenso social afecta la integración y el reconocimiento social de los jóvenes, que se sienten al margen de la sociedad.
El informe advierte que ignorar esta realidad implica desconocer desafíos fundamentales para el futuro del país: sin oportunidades reales para la juventud, no hay posibilidad de ascenso social ni de desarrollo colectivo.
Llamado a la acción:
El estudio subraya la necesidad de volver a colocar el tema del ascenso social en la agenda pública y de políticas, ya que la negación de esta crisis solo profundiza la exclusión y la desigualdad24.
En síntesis, el informe concluye que la histórica promesa de la movilidad social en Argentina está rota para la mayoría de los jóvenes de barrios populares, quienes enfrentan un presente de escasas oportunidades y un futuro sin expectativas claras de progreso.
INFORME COMPLETO ACÁ:


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