Día Mundial De La Libertad De Prensa |Clasificación Mundial: Argentina en el puesto 29 según RSF

Mundo 03 de mayo de 2022 Por Sures Noticias
La vigésima edición de la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa realizada por Reporteros Sin Fronteras (RSF) revela una doble polarización, amplificada por el caos informativo: la polarización mediática, que crea fracturas dentro de los países, y la polarización de los Estados, a escala internacional. Argentina escalo del puesto 69 del 2021 al puesto 29 en 2022.
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La Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa, que evalúa las condiciones en las que se ejerce el periodismo en 180 países y territorios del mundo, pone de manifiesto, en su edición de 2022, los efectos desastrosos del caos informativo, creado por un espacio digital globalizado y sin regular, que favorece las informaciones falsas y la propaganda. En las sociedades democráticas, el desarrollo de medios de opinión al estilo de Fox News y la generalización de los circuitos de la desinformación, impulsada por las redes sociales, están provocando un aumento de las fracturas sociales. En el plano internacional, la asimetría que existe entre, por una parte, sociedades abiertas y, por otra, regímenes despóticos que controlan a sus medios y sus plataformas, mientras libran guerras de propaganda, debilita a las democracias. En ambos niveles, esta doble polarización es un factor de intensificación de las tensiones.

La Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa, que evalúa las condiciones en las que se ejerce el periodismo en 180 países y territorios del mundo, pone de manifiesto, en su edición de 2022, los efectos desastrosos del caos informativo, creado por un espacio digital globalizado y sin regular, que favorece las informaciones falsas y la propaganda. En las sociedades democráticas, el desarrollo de medios de opinión al estilo de Fox News y la generalización de los circuitos de la desinformación, impulsada por las redes sociales, están provocando un aumento de las fracturas sociales. En el plano internacional, la asimetría que existe entre, por una parte, sociedades abiertas y, por otra, regímenes despóticos que controlan a sus medios y sus plataformas, mientras libran guerras de propaganda, debilita a las democracias. En ambos niveles, esta doble polarización es un factor de intensificación de las tensiones.

La invasión de Ucrania (106º) por Rusia (155º), a finales de febrero de 2022, es emblemática de este fenómeno, puesto que se preparó mediante una guerra de propaganda. Entre los regímenes autocráticos más represivos, China (175º) ha utilizado su arsenal legislativo para confinar a su población y aislarla del resto del mundo, especialmente a la de Hong Kong (148º), que se desploma contundentemente en la Clasificación. La lógica del enfrentamiento por bloques se refuerza, como sucede entre la India (150º) del nacionalista Narendra Modi y Pakistán (157º). En Oriente Medio, una libertad de prensa insuficiente sigue afectando al conflicto entre Israel (86º), Palestina (170º) y los países árabes.

En los regímenes democráticos, la polarización mediática refuerza y alimenta las fracturas internas de las sociedades, como sucede en Estados Unidos (42º), a pesar de la elección de Joe Biden. El auge de las tensiones sociales y políticas se ve avivado por las redes sociales y por nuevos medios de opinión, en países como Francia (26º). En algunas “democracias iliberales”, la represión a la prensa independiente es un factor de polarización intensa. En Polonia (66º), por ejemplo, las autoridades han afianzado el control del sector audiovisual público, así como su estrategia de “repolonización” de los medios privados. 

El trío en cabeza de los países nórdicos -Noruega, Dinamarca y Suecia- sigue siendo un modelo en el que la libertad de expresión se realiza en todo su esplendor, y este año, gracias a sendos cambios de gobierno, Moldavia (40º) y Bulgaria (91º) destacan por la esperanza de tiempos mejores para la situación de los periodistas, aunque los medios sigan mayoritariamente en manos de los oligarcas.

Un número récord de países en situación “muy grave”. Doce países en total conforman la lista roja de nuestra Clasificación, entre los que figuran Bielorrusia (153º) y Rusia (155º). Entre los países más represivos para la prensa, Birmania (176º) -donde el golpe de Estado de febrero de 2021 ha hecho retroceder brutalmente diez años la situación de los periodistas- se codea con Corea del Norte (180º), Eritrea (179º), Irán (178º), Turkmenistán (177º) y China (175º).

“La redactora jefe de Russia Today, Margarita Simonian, reveló la base de su pensamiento en un programa de la cadena Russia One, cuando afirmó: ‘ninguna gran nación puede existir sin controlar la información”, afirma el secretario general de RSF, Christophe Deloire. “El despliegue de un armamento mediático en los países autoritarios aniquila el derecho a la información de sus ciudadanos y explica, a la vez, el aumento de unas tensiones en el plano internacional que pueden llevar a las peores guerras. En el ámbito interno, la ‘foxnewsización’ de los medios es un peligro funesto para las democracias, porque socava las bases de la concordia civil y de un debate público tolerante. Frente a estas derivas, urge tomar las decisiones necesarias, promoviendo un New Deal para el periodismo, tal y como propone el Foro sobre Información y Democracia, y adoptando un marco legal adecuado que cree un sistema de protección de los espacios informativos democráticos”, añade.

América. Un entorno cada vez más tóxico en América Latina

En casi todo el continente, los periodistas desarrollan su labor informativa en un entorno cada vez más deteriorado y tóxico. Como ya sucediera en 2020, la crisis del coronavirus ha supuesto un acelerador de la censura, ha generado graves dificultades económicas a la prensa y ha planteado serios obstáculos para acceder a la información sobre la gestión de la pandemia por parte de los gobiernos de Latinoamérica.

La desconfianza hacia la prensa ha seguido ganando terreno, alimentada por una retórica contra los medios y una generalización de los discursos estigmatizantes por parte de la clase política, especialmente en Brasil (puesto 110º de la Clasificación), Cuba (173º), Venezuela (159º), Nicaragua (160º) y El Salvador (112º). Cada vez más visibles y virulentos, estos ataques públicos fragilizan a la profesión y alientan procedimientos judiciales abusivos, campañas de difamación e intimidaciones -especialmente contra las mujeres- y acoso en Internet contra los periodistas críticos.

Nicaragua (160º) protagoniza el mayor descalabro (pierde 39 posiciones) y entra en la zona roja de la Clasificación. La parodia de elecciones organizadas en noviembre de 2021, que llevaron a Daniel Ortea a su cuarto mandato consecutivo como presidente, se ha sucedido de una persecución feroz contra las voces críticas. Los últimos bastiones de la prensa independiente son asediados y la gran mayoría de los periodistas independientes, amenazados por acciones judiciales abusivas, han tenido que huir del país.

La situación en El Salvador (112º), que registra por segundo año consecutivo una de las caídas más pronunciadas de América Latina (-30), es también extremadamente preocupante. Desde su llegada al poder en 2019, el presidente Nayib Bukele juega al peligroso juego de multiplicar los ataques y amenazas contra los periodistas críticos con su administración, creando así la imagen de una prensa enemiga del pueblo. Esta deriva autoritaria se acompaña de cambios en el marco jurídico (como la “Ley de Agentes Extranjeros” u otras modificaciones del código penal) que hacen que el trabajo de la prensa sea aún más complejo.

Con al menos siete periodistas asesinados en 2021, México (127º) se mantiene como el país más mortífero del mundo para la prensa y se sitúa en la posición 179 sobre 180 del indicador de seguridad para los periodistas.

Costa Rica sigue siendo la excepción del continente y el alumno aventajado de América Latina (8º en la Clasificación).

 Precariedad crónica y agresiones en América del Norte
Estados Unidos ha recuperado algunas posiciones en la Clasificación de 2022 (42º, +2 puestos) gracias a las mejoras que se han producido con la Administración Biden, como por ejemplo, la restauración de las conferencias de prensa en la Casa Blanca y en la agencia federal de la salud. Sin embargo, la mayoría de los problemas recurrentes que afectan a los periodistas siguen sin resolverse. Entre ellos, la desaparición de los periódicos locales, una polarización sistemática de los medios y una erosión del periodismo por el efecto de las plataformas digitales, todo ello en un clima de animadversión y agresividad hacia los periodistas.

Aunque Canadá renueva con fuerza su compromiso con la protección y la práctica efectiva de la libertad de prensa internacional, los periodistas canadienses han sido, en 2022, objeto de hostilidades, prohibiciones de acceso, amenazas de muerte y agresiones físicas, mientras cubrían el llamado “Convoy de la Libertad”, una manifestación contra la política sanitaria del gobierno. Otro dato preocupante: las autoridades canadienses detuvieron a periodistas que cubrían una manifestación local contra un oleoducto, en la Columbia Británica. Estos dos hechos explican que Canadá pierda cinco posiciones y se sitúe en el puesto decimonoveno de la Clasificación (19º).

 En la zona del Caribe, Trinidad y Tobago (25º) ha progresado significativamente. El país debe su remontada en la tabla a una decisión de la Corte Suprema a favor de la protección de las fuentes periodísticas, que puede tener importantes repercusiones en los medios de toda la región. Guyana (34º) también ha ganado varias posiciones en la Clasificación de 2022 gracias a un panorama mediático sólido y al hecho de que los periodistas trabajan, en general, en un entorno seguro, sin temor a actos violentos o agresiones físicas.

Mapa completo : https://rsf.org/es/clasificacion?year=2022

Fuente RSF 

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