
Bibiana Reibaldi. El rugido de la desobediencia: cuando los hijos de los genocidas rompen el mandato del silencio
Sures Noticias
El viernes 19 de junio, a las 19.30, se presentará en la sede de Smata Alta Gracia (Dino Carignani 280) un documental de las directoras Nerina Conte y Valentina Logwinczuk, que reconstruye la historia de Adriana Britos, hija del policía de Córdoba Hugo Cayetano Britos, condenado por crímenes de lesa humanidad perpetrados durante la última dictadura. Además, se presentará el libro «Desobediencia de vida», sobre el colectivo de «Historias desobedientes», que reúne a familiares de genocidas, que se pliegan a la lucha por Memoria, Verdad y Justicia.
La propuesta es organizada por el Colectivo Paravachasca por la Memoria; el Foro por la Libertad, la Democracia y los Derechos Humanos; y el colectivo Historias desobedientes de Córdoba.
En la actividad estará presente Bibiana Reibaldi, presidenta del colectivo «Historias desobedientes», que reúne a hijas, hijos y familiares de genocidas, quienes desobedecen el mandato familiar de olvido y silencio sobre el terrorismo de Estado, para acompañar la lucha por memoria, verdad y justicia.
También participarán integrantes del Colectivo Historias Desobedientes de Córdoba y Buenos Aires, del Colectivo Paravachasca por la Memoria y del Foro por la Libertad, la Democracia y los Derechos Humanos de Córdoba, para compartir un diálogo con los presentes.
Nota en Radio Tortuga
El rugido de la desobediencia: cuando los hijos de los genocidas rompen el mandato del silencio
En una entrevista conmovedora, realizada por el periodista Pablo Rodriguez, Bibiana Reibaldi, presidenta del colectivo "Historias Desobedientes", repasa los inicios de la agrupación, el quiebre ético con sus historias familiares y el duro costo de enfrentar el negacionismo actual. “Decimos al silencio: nunca más”, afirma de cara a la presentación de su libro y documental en Alta Gracia.
En el marco de una serie de actividades organizadas por el colectivo Paravachasca por la Memoria, el Foro por la Libertad, la Democracia y los Derechos Humanos de Córdoba y la agrupación Historias Desobedientes, la ciudad de Alta Gracia se prepara para un hito cultural y político en el salón de ADMA. Se presentará el documental que reconstruye la historia de Adriana Britos —hija del policía Hugo Cayetano Britos, condenado por crímenes de lesa humanidad— y el libro Desobediencia de vida.
Para profundizar en este emergente fundamental de las luchas por los Derechos Humanos de los últimos años, dialogamos con Bibiana Reibaldi, presidenta del colectivo que nuclea a hijas, hijos y familiares de genocidas que decidieron desobedecer el mandato familiar de olvido y sumarse activamente a la búsqueda de Memoria, Verdad y Justicia.
El nacimiento en las calles: el freno al 2x1 y la urgencia de nombrarse
Historias Desobedientes no nació en la comodidad de un laboratorio teórico, sino al calor de la movilización popular. Reibaldi recuerda con precisión el punto de inflexión que las y los unió en el año 2017, cuando el gobierno de Mauricio Macri intentó aplicar el beneficio del "2x1" a los represores.
“En el año 2017, a partir de la marcha de los pañuelos, cuando Macri intentó instalar el 2x1 para los genocidas y el pueblo argentino salió a la calle a decir que no, de ninguna manera; allí las redes estallaron y quienes nos estábamos buscando desde hacía mucho tiempo, los familiares de genocidas que repudiamos los crímenes de nuestros padres, abuelos, tíos, hermanos, nos fuimos encontrando”.
El colectivo adoptó como fecha fundacional el 25 de mayo de 2017. Pocos días después, el 3 de junio, marcharon por primera vez bajo la consigna de Ni Una Menos levantando una bandera que portaba una definición política ineludible: usar explícitamente la palabra "genocida".
“Tomamos dos decisiones políticas. Primero, usar la palabra genocida en nuestra bandera para que no quedara ninguna duda de en qué posición ética nos ubicábamos. Y la segunda, salir a alzar la voz públicamente en la marcha de Ni Una Menos, en donde se lucha por los derechos de todas las mujeres y en contra del patriarcado... es un movimiento por la humanidad”.
El impacto de la primera marcha: de la perplejidad al llanto
Salir a la luz pública portando el apellido de quienes ejecutaron el terrorismo de Estado generó un enorme temor inicial en los integrantes del colectivo. El miedo a ser rechazados u hostigados por la misma sociedad que buscaba justicia era un peso real en los cuerpos.
“Lo recuerdo como si lo estuviera viendo en este momento... desde nosotras, mucho temor, mucho miedo porque no sabíamos si íbamos a ser rechazadas, echadas o qué iba a pasar por nuestra condición de familiares de genocidas. Pero en las personas vimos caras muy perplejas primero, que no entendían de qué iba nuestra bandera, que era muy grande... y muchas personas que se ponían a llorar”.
Ese impacto traspasó las fronteras nacionales, atrayendo de inmediato la atención de medios internacionales en la Plaza de los Dos Congresos. Sin embargo, Reibaldi advierte la disparidad en la cobertura local: “El único diario que nos tomó en cuenta a partir de ese momento fue el diario Tiempo Argentino, en el que fuimos tapa al día siguiente, y el diario Página/12... el resto de los medios de Argentina nunca jamás se acercaron ni nos entrevistaron”.
Del recelo al abrazo de los Organismos de Derechos Humanos
La incorporación de un actor tan inédito en el mapa de los Derechos Humanos en Argentina provocó, lógicamente, un tiempo de procesamiento para las Madres, Abuelas e Hijos. Reibaldi reflexiona sobre la extrañeza que causa en la cultura occidental el hecho de que un hijo exponga públicamente las miserias y crímenes de su propio núcleo familiar.
“En un primer momento nosotras no teníamos bien claro esto de pretender ser un organismo de derechos humanos... a medida que fuimos caminando, fuimos siendo aceptadas por los organismos... Era lógico que al comienzo no entendieran muy bien. Vos pensá que en nuestra sociedad occidental, hijos e hijas que repudien el accionar de sus padres es sumamente extraño. En general se disimula algún defecto en la familia... y nosotras salíamos a exponer lo peor de la vida intrafamiliar. A exponer que crecimos con los genocidas, con los criminales de lesa humanidad”.
Hoy, tras años de coherencia en sus acciones, el colectivo ha sido "abrazado por todos", consolidándose como un eslabón fundamental de la memoria colectiva.
Romper el pacto de silencio: el verdadero objetivo
Historias Desobedientes ha traspasado las fronteras, sumando integrantes en Chile, Uruguay, Paraguay, España, e incluso descendientes de nazis en Alemania. Sin embargo, el núcleo de su interpelación sigue estando en los hogares de los represores que aún callan.
“Nuestra voz, en realidad, va dirigida fundamentalmente a los familiares de los genocidas que aún siguen vivos, a los genocidas mismos que aún siguen vivos para que hablen... Quienes integramos Historias Desobedientes hemos pasado toda nuestra vida intentando que nuestros padres, abuelos, tíos hablen, digan algo en relación a los crímenes perpetrados, y se han muerto y siguen viviendo sin decir palabra, fieles a su pacto de silencio. Nosotras decimos al silencio: nunca más”.
El dolor de la trinchera familiar: juicios por "indignidad"
Repudiar el horror de un padre tiene costos humanos y legales devastadores dentro del ámbito privado. Reibaldi relata con crudeza cómo las familias se quiebran y cómo el entorno las señala como "las locas" o "las desofuscadas", llegando a extremos judiciales escalofriantes.
“Esto fue bastante problemático... Hemos sido las locas, los locos, los patitos feos de la familia, las desagradecidas. La indigna, como una compañera nuestra, una de las fundadoras, Analía Kalinec, que sufrió juicio por indignidad de parte de su padre condonado a cadena perpetua... sufrió un juicio por parte de su padre y sus dos hermanas pertenecientes a la Policía Federal por 'indignidad' para no heredar a su madre que había fallecido. Hasta esas barbaridades hemos tenido que soportar”.
Para Viviana, esta postura no responde a un problema de convivencia diaria, sino a una rigurosa toma de posición ética que antepone la justicia a los lazos de sangre. “Aunque las acciones criminales se hayan cometido desde la persona a la que más queremos, son acciones criminales... No tiene que ver con que no nos llevábamos bien con nuestros padres, para nada. Justamente al contrario, por eso ha sido tan difícil tomar la decisión de ubicarnos en la desobediencia”.
Un espejo del presente: la alerta ante la violencia institucional
Hacia el final de la entrevista, Bibiana Reibaldi traza un paralelismo preocupante entre los tiempos de la dictadura y los sucesos políticos actuales. Advierte que quienes vivieron la dictadura ven con profunda tristeza el uso actual de las fuerzas de seguridad para reprimir a los sectores más vulnerables de la sociedad.
“Hoy día las fuerzas de seguridad siguen siendo usadas por los poderosos para levantar las armas y los palos contra sus propios hermanos. Y hacia ellos queremos dirigir nuestra palabra, para que tomen conciencia de que están perpetrando crímenes contra sus propios hermanos... para darle palos a los discapacitados cuando están ejerciendo un derecho constitucional a la protesta, para darle palos a los jubilados... Nosotros sabemos como hijas, como hijos, de la vergüenza con la que se vive por tener familiares de estas características”.
El testimonio de Bibiana Reibaldi no solo desmonta el tabú de la lealtad familiar ciega, sino que ratifica que la memoria es un territorio en constante disputa, donde desobedecer el mandato del horror es, ante todo, un acto de profunda humanidad. Rodriguez destaca a HD como el "emergente más novedoso e interesante de los últimos años en la lucha por la Memoria, Verdad y Justicia".
Nota completa acá (Gentileza de RADIO TORTUGA de Alta Gracia).


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