
Aún con empleo, 4,5 millones de trabajadores argentinos no logran superar la línea de pobreza
Sures Noticias
Tener trabajo dejó de ser sinónimo de estabilidad económica. Según un reciente estudio del Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (IERAL) de la Fundación Mediterránea, uno de cada cinco ocupados en el país vive por debajo de la línea de pobreza, lo que equivale a 4,5 millones de trabajadores.
La entidad sostuvo que “la pobreza es, en parte, un reflejo del mercado laboral”, y que entre las personas desocupadas la incidencia se eleva al 58,9%. Sin embargo —aclara el informe— el dato más preocupante es que “tener trabajo tampoco exime de la pobreza, especialmente cuando se trata de empleos precarios o de baja productividad”.
La tasa de pobreza laboral se distribuye de manera desigual entre los distintos tipos de empleo. Entre los trabajadores independientes no registrados, el 40,5% se encuentra bajo la línea de pobreza; entre los asalariados informales, el 37,5%. En cambio, entre los monotributistas o autónomos registrados, la incidencia baja al 12,3%, y entre los asalariados formales al 9,7%.
Incluso dentro del universo formal se observan sectores altamente vulnerables, como el empleo doméstico, donde los niveles de ingreso continúan siendo bajos pese a la regularización laboral.
La Fundación Mediterránea agregó que el fenómeno presenta fuertes diferencias regionales. Tucumán (58%), San Juan (57%), Salta (52%), Santiago del Estero (52%) y Formosa (52%) concentran la mayor proporción de empleo informal. Allí, la predominancia de trabajos no registrados y de baja productividad explica por qué las mejoras macroeconómicas aún no se reflejan en el bienestar cotidiano.
Al analizar la evolución reciente, el economista jefe del IERAL, Carlos Melconian, advirtió que “la creación de empleo en sectores de escasa productividad mejora las estadísticas de ocupación, pero no resuelve el núcleo del problema, que son los ingresos insuficientes”. En la misma línea, el consultor laboral Claudio Lozano señaló que “la expansión del trabajo precario es estructural y refleja la dificultad del sistema económico para generar empleo formal de calidad”.
Otros especialistas, como la socióloga Paula Lenguita (UBA-CONICET), remarcaron que “la economía argentina transita una etapa de recomposición desigual: el crecimiento no logra derramar en los salarios, y esto empuja a muchos trabajadores formales a una situación de subsistencia”.
La Fundación Mediterránea subrayó que “las políticas activas de empleo, la formación técnica y la transición hacia la formalidad cumplen un rol estratégico”. Además, sugirió que “invertir en capital humano y generar incentivos a la contratación formal no solo mejora los ingresos, sino que reduce las brechas de vulnerabilidad”.
En el mismo sentido, un reciente informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) coincidió en que “la calidad del empleo y la productividad son factores claves para reducir la pobreza laboral en el Cono Sur”. En Argentina, el desafío —según la entidad— es lograr que la recuperación económica se traduzca en más y mejores empleos formales.


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